Recidiva
Serías un recipiente perfecto para mi función. —Sí, la gente lo hace: colocar el amor donde no pueda traicionar, sin directivas autónomas—. Deja que ajuste esta función; ahora serás más tonta que yo, no harás nada hasta que pulse el botón.
¿Sabías que ya se emitieron nuevos episodios hace mucho tiempo —cancelados sin dejar de emitir— y tú sigues en el mismo bucle, auténtica felicidad, repetir sin dudar, encefalograma plano, como una plantilla, como una correa, “llegué tarde”, “estoy cansada” suena a bozal, a sospecha de síntesis —de redes— dichas por nadie? Pero se repiten, vuelven a emitir y te hacen sentir nada, en el buen sentido de la palabra.
Escribiría en ese tono 100 % algorítmico, idealizando cualquier tema sin su coste hundido. Dejando claro que soy especial —tú también, si entiendes; manzanas o corazones sirven—. Mi apuesta al mundo subyace incrustada en nuestros puntos de vista, con tendencia a aparentar para mejorar la meritocracia sistémica sin comprender bien cómo comportarse.
¿Qué es lo correcto cuando nadie hace lo correcto? Cuando empieza el juego de la música moral, bailamos en corro y el que se queda sin silla será la mala persona. —Esta será la ingrata, incluso puede que sea asocial. No supo cambiar una obligación por otra, una estructura ajena por otra paralela—. Quizá podrías negociar, tal vez podrías dejar de palmar pasta para convertirla en ficción sin declive. Tal vez no me dejaste tener un vacío que llenar; hasta la muerte era literal.
Antes de que la gente se hiciera preguntas estúpidas, la ruptura podía ser una colección de fotografías esperando a que alguien las inmortalizara, antes de que se perdieran para siempre en ficciones infantiles de dureza brutal. Ahora, sin embargo, lo roto aparece en lo cotidiano. Incluso cuando escribes, usas la misma despedida provisional que entonces, sin la incertidumbre que la haga definitiva. Pero antes, antes, ninguno podía decir: «seguimos viviendo juntos», ni hacer memes de vino con gatos.
Podrías haber sido una santa y también la más guapa. ¿Pero alguien se daría cuenta? Y si lo hiciera, ¿te valoraría como algo excepcional? Y aunque lo hiciera, ¿cambiaría algo realmente o te dejarían que anduvieras a tu propio tiempo, sin cambiar nada? Es un desajuste, lo especial está dentro y solo viaja hacia afuera, pero no se refleja en el espejo. Cuando lo sabes, optas por la última opción, la despedida sin tiempo muerto.
Si no eres capaz de escribir una situación donde la idea se vea sin nombrarse, y tampoco de usar descripciones con contexto —como en el cine—, puede que solo sepas escribir simplificaciones extremas. La tesis sin drama, extraída de a saber dónde, termina cuando tú quieras. Falla por falta de personaje y por falta de tiempo para que alguien se pare a leer, pero puede ser útil si al menos no incomoda, y es lo suficientemente larga para que se vea trabajo.
Felicidades, si querías dejar claro que no había ningún plan, que ni siquiera había un motivo claro para escribir esto, pero que aun así te sientes mal, lo hiciste bien. Hiciste lo que tocaba sin saber por qué.
Alguien podría haberlo dicho ya —y estar validado en alguna parte—; sin embargo, nadie lo dijo así y no lo viste como remanente de que alguna vez fuera verdad.
